Si he tardado en postear, no es por falta de material, sino más bien justo lo contrario. Justo cuando me pasaba algo fuera de lo que yo tengo las narices de llamar “normal”, y me siento a escribir un post sobre dicho suceso, me entra alguien a la tienda y me plantea una burrada aún mayor. De dilemas está llena la vida.
Bien, pues ésta no puede esperar. Orejapiedra strikes again. Y con ganas.
El buen hombre hace como que nos ayuda en la tienda. Él hace lo que puede, o eso es lo que me gusta pensar. Lo cierto, es que de vez en cuando consigue apodar “cliente” a alguna empresa. Olé por él. Entonces es cuando la cosa se pone fea. Para mi, claro, para él no, que cobra comisión por el trabajo que le hago. Total, que viene ayer y necesitaba una oferta, que no presupuesto, para dos equipos, con pantalla táctil, software TPV multipuesto, lector de códigos de barras, y toda la parafernalia. Y yo, sumiso, voy y le hago un presupuesto, se lo doy en PDF en el pendrive que casi no me da, por si me da por mirarle las fotos que tiene. No tengo yo cosas mejores que hacer…
- Vale, ahora ayúdame a mandarlo.
- ¿Uhm?
- Que lo tengo que mandar.
- ¿A dónde?
- A Cachaflanias Permaflex.
- Vale. ¿Cómo se lo piensas mandar?
- Pues no se. ¿Cómo se lo puedo mandar?
- Pues por correo ordinario, mensajero, señales de humo, palomas mensajeras, o también…
- Chaaaaacho ya’staaaaa. ¡Joder, el tío! ¡Cómo se pone! Bueno… ¿qué hago?
- Pues casi que se lo mandas, ¿no?
- Sí… ¿pero cómo?
- Pues yo diría que por email, a menos que se lo quieras llevar en persona, que siempre queda bien.
- No, no, yo se lo quiero mandar. Por email entonces. Gracias.
Y poniendo los ojos en blanco, sigo en lo mío, que tenía el taller lleno de portátiles con un misterioso virus llamado PEBCAK. En una de éstas, que estaba yo analizando profundamente el virus, me da por mirar hacía Orejapiedra. Craso error. Levanta la vista del portátil. Nuestras miradas se cruzan. Abre la boca. Se avecina tormenta por estribor…
- Oye, ¿cómo envío esto?
- Lamadreque… digooo… ¿qué pasa?
- Pues que le doy aquí a “enviar por email” y no hace nada.
- ¿Has configurado algún cliente de correo?
- ¿Un cliente? ¿Eso se compra? Porque yo no he comprado ningún email. A ver si va a ser por eso. Pero otras veces lo he mandado, ¿eh? Otras veces he podido, ¿vale?
- Que sí, leñe. Quiero decir que si usas un programita para los emails.
- Sí, claro.
- ¿Cual?
- El Hotmail.
- No se por qué me molesto…
- ¿Cómo?
- Nada, nada.
- ¿Me vas a ayudar?
- No.
- ¿¿Cómo que no?? Se lo digo a mi hermano, ¿eh? – Es el hermano del jefe – Que me tienes que ayudar con el trabajo, ¿eh?
- Coño, es que manda huevos, que te las des de trabajar para una tienda de informática y no sepas mandar un condenado email, chaval. Y una cosa es ayudarte, y otra hacerte el trabajo para tú cobrar.
- Si el email se mandarlo.
- Entonces, ¿qué haces jugando con el menú contextual?
- Es que no quiero enviar un email, quiero enviar el fichero.
- Por email.
- Lo que tú digas. Quiero enviar el fichero.
- Cuando te caíste de aquél coche en marcha, ¿a cuánto ibas?
Total, que me armo de paciencia, y le explico. Desde cómo abrir el internet explorer, a cómo adjuntar archivos, pasando por dónde teclear la URL (no, no he dicho “url”, porque si no, aún estaría sentado con él), qué url es la de hotmail, su contraseña olvidada, la respuesta a su pregunta secreta *sigh*, y por qué pone “redactar” en lugar de “enviarle correo a Cachaflanias Permaflex”. Porque cómo si no, iba a saber el programa hormái a quién enviarle lo que no has escrito. Satisfecho conmigo mismo, con mi alarde de paciencia y labia, me levanto, dispuesto a seguir investigando los misterios del PEBCAK, sólo para ver con el rabillo del ojo cómo Orejapiedra le mete con dos cojones a la X de la ventana, sin darle a enviar. Y se queda mirando con cara de borrego el escritorio repleto de ficheros. Me mira. Le miro. Me cago en su madre.
- ¿Qué? ¿Lo enviaste?
- Ah, ¿pero no lo habías enviado tú?
- Diosss…. anda dime el puñetero correo, que ya se lo mando yo.
No había terminado la frase y ya tenía el presupuesto impreso plantado en plena jeta. Para tocar los garbanzos sí es eficaz el chico, sí. Cualquier día lo mando a hacer una “visita” a mi “amigo” del ciber, a ver si cierra por baja moral, y al menos me quito competencia, que estamos en crisis.
Y así, señores, es como uno pasa de BOFH a Pringao. Porque la próxima vez, ni se molesta. Te planta un presupuesto hecho a boli bic encima de tu teclado y no te dice ni hola. Y a quién se lo tenemos que enviar, pues se lo preguntamos a la Aramis Fuster.
Cagonsumadrejoder….
Más historias de Orejapiedra tengo en la manga. Unas cuatrocientas, que el pobre no da para más. Esperad y veréis.
Pues hoy es lunes. Lunes que no veas. Super lunes, vaya. Llego al taller y no hay nada que hacer. Nada con lo que hacer como que no oigo al Padrino. Esto pinta mal.
- ¡Chris!
- Dígame, Don Padrino.
- Tengo trabajo importante para ti.
- ¿De verdad? No me lo creo.
- Mira, que me ha dicho mi hijo que hay unas películas nuevas en el cine, y necesito que me las bajes para esta tarde.
- Ah vaya. – Hago lo que puedo por seguir sonriendo – ¿Y cuáles son?
- Mira las tengo apuntadas aquí.
- A ver… ¿Catorce películas? ¿Para esta tarde?
- Sí. Que dice mi hijo que hay un programa nuevo para bajar películas súper rápido, y que se baja unas 10 “pelis” en una mañana.
- Seh, los cojones te bajo yo esto.
- ¿Cómo?
- Nada, nada, que cómo mola esto, dije.
Total. Que tengo trabajo importante… En esto que llega el $Boss, hijo de Padrino, y me ve poniendo el übertorrent en uno de los trastos que tenemos por aquí, para bajarle las “pelis” al Padrino, y le empieza a latir la vena de la frente.
- ¿¿Yo no te tengo dicho que en el trabajo no te bajes nada??
- Sí, pero es que…
- !!NADA!!
- Vale, vale…
Así que quito el programa de marras, y me pongo a ver los Simpson, que por el baremo de ésta empresa, también es trabajo importante. Importantísimo, vaya.
Por supuesto, por la tarde, llega el bueno de Vito, extasiado ante la expectativa de catorce películas para ver por la noche. Que no tiene otra cosa que hacer, el buen hombre.
- Chris, ¿me has bajado esas “pelis”?
- No.
- ¿¿Y ESO POR QUÉ?? – Lo de la vena viene de familia, parece.
- Cálmese, don Padrino. Me ha dicho su hijo que no puedo descargar nada en el trabajo.
- ¿Y qué? ¡Que me bajes las películas te he dicho!
- Muy bien. Voy a ello.
- Y las quiero para ésta tarde.
- ¿Cómor?
- Me has oído. Búscate la vida. – Cómo odio esa frase…
Total, que las pongo de nuevo. Y claro, lleva $Boss, y la vena de la frente me aplasta contra la pared.
- Pero vamos a ver. ¿Tú te me quieres subir a la chepa, o qué?
- ¿Lo cualo?
- ¿Yo no te dije a ti, bien clarito, que en el trabajo no se descarga nada?
- Sí, pero el señor Padrino…
- ¡Qué padrino ni que una menos cuarto! ¡Que no se baja nada, cagonlaputa!
- Bueno, pues se lo explicas tú. Mira, por ahí viene.
Escena de peli del oeste. Se miran. Fíjamente. Padre e hijo. La tensión hace vibrar el aire. No, espera, eso es mi móvil…
- ¡Tú quieres que nos empapelen por piratería!
- ¡Qué dices! Si me lo dijiste tú.
- Yo no te dije que vinieras a bajarte nada a la tienda.
- Ah, ¿pero me las habéis bajado?
- No.
- ¿Y qué habéis hecho en todo el día?
- Trabajar.
- Sí, claro…
¿Trabajar? ¿Quién? ¿Yo? Nah… Esos 27 ordenadores de ahí se han debido de reparar solos. Cosas que tiene la informática. Es cosa sabida que los informáticos no trabajamos. Nos pasamos el día sentados, sin hacer nada. O, como mucho, “mirando cositas” por internet. Es por eso que me traen “trabajo importante”.
No me tienen hasta los huevos ni nada.
Así que no envian correos. O eso me acaban de gritar por teléfono. Han llamado de Super Super Mega Chuli S.L., una empresa a la que llevamos el mantenimiento de los trastitos. Hace un par de días me pasé a echar un ojito, e iba todo como la seda. Uno que es bueno haciendo su trabajo, o eso les hago creer. Bueno, total, que no envían correos. Así que me agarro los cuatro juguetes que necesito y me planto allí.
- ¡Buenas!
- ¡Ay, menos mal que vienes, que esto es un desastre, no podemos hacer NADA!
- Ya será menos. – suelto los trastos en el suelo y me sigo los llantos hasta su mesa – A ver enséñame el problema.
- Mira. Éste correo se envía bien.
- Uhm… ¿Y para eso me has hecho venir?
- No, no. Mira éste otro.
Redacta un correo con 3 palabras contadas, le adjunta un PDF, y le pega a enviar. 1 minuto. 2… 5… El servidor te ha echado fuera, guapa.
- ¿Lo ves? No envia correos.
- ¿Y el otro sí?
- Sí. Pero éste no. No funciona nada.
- Bueno, déjame que vea lo que haces de nuevo.
Hala, correo nuevo, cuatro palabrejas, PDF… ¡¡Espera!! Ese PDF, ¿Cuánto pesa? La aparto de una coz, botón derecho, propiedades… 349 Megazos. Con dos cojones.
- ¡Pero Pepa! ¿Qué envías ahí?
- Pues el catálogo de Churripipas del año 2009. ¿Por?
- Porque es demasiado grande. Por eso no te deja.
- Pues antes me dejaba.
El arma más terrible del luser. “Antes me dejaba”. Ahora es cuando yo me siento aquí tres horas para averiguar por qué el servidor le rechaza un adjunto de 349 Megas. Pues no. Abro mi consola particular y tecleo: set_mode bofh on. Me veo tentado de un erase_all pepa. Pero no hay que ser malo, ¿verdad?
- A ver, enséñame algún correo tan grande que hayas enviado antes.
- No tengo ninguno…
- ¿Y eso por qué?
- Pues porque no los guardo.
- Tranquila, el programa los guarda por ti, por si te olvidas.
- ¿Ah sí?
- Sip. Fíjatetú.
- Pero es que… ¡Antes podía! Y ahora no.
Creo que se le ha atascado el bucle luseriano a la pobre. Habrá que resetearla. O formatearla, a ver si de paso aprovechamos para cambiarle el micro, que éste no “piensa”.
- Mira, yo creo que no tienes ninguno porque nunca has podido enviarlos tan grandes.
- ¿Y tú cómo lo sabes? ¡Si los envío yo!
- Esa no es la cuestión. La cuestión es que no los puedes enviar tan grandes. Son muy grandes para el servidor y se atraganta.
- Pues que tome agua. Yo tengo que enviar esto ¡AHORA MISMO! Que yo antes podía.
- Bueno, pues ya no puedes. – a ver si así cala.
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Entonces, ¿no puedo enviarlo?
- Lo vas captando. Los correos electrónicos, más chiquitines, que se nos atraganta el servidor. Y si se atraganta, empieza a enviar correos de publicidad pornográfica con tu remitente a todos tus contactos.
- Ah, ¡pues yo no quiero que haga eso!
- Entonces no lo atragantes.
- ¿Y con esto que hago?
- Tú sabrás. Por correo electrónico no sale.
En fin, que, ya desfecho el entuerto, me piro vampiro pa mi madriguera-barra-tienda. Pero la cosa no queda ahí. ¿Qué pensabas?
¡Racarraca! ¡Racarraca!
- ¡Super informática del copón, gameloo!
- Mira que soy la Pepa. Esto sigue sin enviar nada.
- No me digas. ¿Ahora qué PDF es el que no te envía?
- Que no es ningún pedefe de esos. Es un correo sin nada.
- ¿Sin nada? ¿Entonces para qué lo envías?
- Pues para ver si funciona esto.
Y si no, darme por saco un rato, claro. Son ganas de joder. En fin, que como con esos no tengo VNC (¡¡No, no, que me miras “trabajando”!!), me toca plantarme allí otra vez.
- ¡Esto es una mierda!
- Yo también me alegro de verte, Pepa. Déjame ver. – un rápido vistazo deja claro dónde está el problema: PEBCAK – ¿Cuántas veces has intentado volver a enviar ese correo de 300 megatones?
- Pues una o dos.
- ¿Una o dos? ¿Y estos 400 correos que no salen, de quién son?
- Uy, pues habré enviado alguno más, a ver si salían.
- ¿Tú eres tonta?
- ¿Cómo?
- Nada, que si has ido a roma… A ver, los eliminamos – tarda lo suyo… – y ya está. Prueba a enviar un correo ahora.
- A ver. ¡Ay, sí! Ahora sí.
- Intenta no enviar el mismo correo 400 veces, ¿crees que podrás?
- Bueno, lo intentaré.
Y ésto señores, es un ejemplo muy claro del Homo Tocacojoncios Pedantus. Como me vuelva a llamar, le desactivo la cuenta de correo y la dejo castigada un mes sin messenger.
Esto no es un post en toda regla. Quedará más bien canijo. Pero es increíble la cara dura de algunos.
Hoy llegaba yo a mi puesto de trabajo con efecto-lunes retrasado, un tanto adormilado, a las 9:45 de la mañana. Al pasar por la zona pública de la tienda, camino al taller de la parte trasera, veo sentada en una de las mesas a una señorita, quizá señora, con un portátil, chateando alegremente por el messenger. Cosas más macabras he tenido que vivir, así que pasé en moto, y me meto al taller sin más rodeos. Me encuentro al Boss, haciendo Nada, como siempre a estas horas.
- Buenos días, Chris.
- Nodías, Boss.
- ¿Quién es tu amiga?
- ¿Perdona?
- Sí, la mujer de ahí afuera, que dice que está esperando por ti.
Lo que me faltaba a estas horas. Una desconocida esperándome en mi trabajo. Así que con toda la sonrisa que soy capaz de mostrar un lunes (o un martes con efecto-lunes), me planto donde ella está chateando.
- ¡Buenos días!
- Hola. – Ni me mira
- Disculpa, me han dicho que me esperabas.
- No, a ti no, al otro chico.
En la empresa sólo estamos el Boss y yo. Aún así, podría ser que esperase a Orejapiedra, el hermano del Boss, que pasa por aquí a “ayudar” de vez en cuando.
- ¿Entonces esperas a Orejapiedra?
- No, tampoco.
- Pues no queda nadie más a quién esperar.
- ¿Ah no? ¿No es aquí donde trabaja Antonio?
- ……. No.
- Entonces me habré equivocado. Un segundo que termino de hablar con mi amiga y me voy enseguida.
Así que se ha equivocado de tienda, cuando ésta es la única tienda de informática de los alrededores, y lleva ahí plantada cosa de dos horas, por lo que me ha dicho el Boss. Claro, y yo soy un guerrero vikingo venido del futuro para avisar a la humanidad de los efectos perniciosos del youtube.
Aún así, no voy a “echar” de la tienda a un posible potencial cliente. Con que me armo de paciencia y le doy media hora larga antes de volver a plantarme al lado de la susodicha.
- Disculpe. ¿No la esperan en otra parte?
- Sí, sí, ya me voy. – No levanta la cabeza del monitor.
- No lo digo por nada, pero creo que llega casi tres horas tarde.
- Sí, sí, ya me voy. – Sigue sin mirarme.
Ahora es cuando enviáis in SMS al 770-tontos y votáis si le rompo la clavícula o no. Bueno, mientras hacéis eso, yo voy despachándola.
- No quisiera ser grosero, señorita, – vamos a quitarle unos años, a ver si no me arrea con el bolso – pero me temo que no damos servicio gratuito de cyber café. – Y sonrío todo lo que puedo sin que se me caiga un diente.
- Sí, sí, ya me voy.
Ole sus cojones. Ole, ole y OLE.
- Eso me lleva diciendo una hora y media. ¿No le parece que está siendo un poco descarada? – Seguro que el Boss me cruje por “tratar mal” a un “cliente”, pero a éstas alturas me la suda.
- ¿¿Me estás echando??
- Pues yo me atrevería a decir, que sí.
Agacha la cabeza y por lo bajito oigo algo que remotamente me recuerda a unos gemidos. ¿Está llorando? ¡No jodas! A mi no me la cuelas.
- Mire le doy la tarjeta de un cyber que hay al otro lado del pueblo, para que vaya y pueda chatear en paz, ¿vale?
- ….
Le dejo la tarjeta del cyber de un amigo (más bien mal amigo, por eso le mando el elemento de mujer éste) encima de la mesa, y le hago un gesto de “mueve el culo, anda”. Acto seguido, media vuelta y al taller, que tengo cosas que hacer. Hace media hora que tenía que tener 3 equipos listos con messenger instalado. Que si no, los equipos no valen para nada.
Nunca se me dio bien escribir. El mero hecho de formalizar mis pensamientos con el fin de que, una vez plasmados, sean asimilados por otras formas de vida, me resulta tan complicado como ir de compras con mi churri. Pero he aquí la razón por la que he decidido publicar pasajes de mi vida cotidiana, como ya lo hace el incombustible e inmejorable Wardog, cuyo blog me ha inspirado. Que no es lo mismo que copiarse, ¿eh?
Vivo en un lugar en el que los cursos de informática enseñan a no poner queso al ratón. En un lugar como éste, cualquiera que sepa distinguir teclado de ratón se considera técnico. Y luego estamos los demás. Los que realmente nos sabemos mover entre 0×000007B y “el messenger no va”. A los que acabas llamando cuando “mi primo, que estudia informática” termina de cargarse tu PC Carrucha, y se te queda mirando con cara de “pues en clase funciona”. Pues bien, éste es el relato de la vida de un informático de los de verdad, de los que tienen callo en el pulgar. Porque merece ser contado, y tú te mereces partirte la caja un rato. Y ya que estamos, posteo lo que me salga, que para eso están los blogs.
Y ahora, sin más preámbulo, mi primer post.
Trabajar en una tienda de informática es como trabajar para National Geographic. No es broma. Menos lo del aire libre. Dios sabe que no salgo del taller desde hace meses, pero es que no hace falta. La diferencia más importante entre mi tienda y National Geographic, es que en mi caso la fauna viene a verme, en vez de yo ir a estudiarla. Ahora estaréis esperando ejemplos. Claro. Pues ahí van.
A éste ejemplar lo he bautizado como “Homo Yomelosétodo Ycomomedigasalgotecrujo”.
- ¿Qué pasó? – El saludo canario por excelencia
- Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?
- Necesito un adaptador de cablesonido a cabledevideo
- ¿Disculpe?
- Pues un adaptador de cableso…
- Ya, eso sí lo entendí. Pero, ¿para qué quiere eso?
- Para enchufar la tele al ordenador.
Ole sus huevos. Éste quiere endilgarle el televisor a la tarjeta de sonido. Ole, ole y ole.
- ¿Está seguro de que no necesita un cable de S-Video, o un cable VGA?
- ¿?
- ¿Quiere enchufar el ordenador al televisor, para ver películas, y esas cosas, verdad?
- Sí.
- Entonces necesita un cable de vídeo, no un adaptador de esos que me decía.
Al margen de si tal cosa existe. Burrismo, diosss….
- Que no. Necesito un adaptador de cablesonido a cabledevídeo. Que yo se lo que quiero, vale?
- Pues siento decirle, caballero, que tal adaptador no existe, más que nada porque nada tiene que ver el sonido con el vídeo.
- ¿¿Me está llamando mentiroso??
- No, caballero, solamente le decía que…
- ¡¡Me estas llamando mentiroso!!
Ahora, como ya hemos entrado en calor, me tutea, claro.
- No, señor. Lo que le digo es que…
- ¡¡Vete a la mierda!!
Ya estoy. Gracias. Y la próxima vez que vengas a pedirme algo, verás lo que te cuento. Cabrón.
Siguiente ejemplo, el “Homo Porquetieneteclas”.
- ¡Buenas!
- Buenas tardes.
- Yo quería preguntar… ¿Ustedes arreglan fax?
- Pues no. Para eso tiene que ir a…
- ¿Pero esto no es una tienda de informática?
- Sí, pero…
- ¿Y no arreglan fax?
- No.
- ¿Y qué saben ustedes de informática entonces?
- … – ¿Le contesto o la mando a la mierda?
Y el tercer y último ejemplo del día: el “Homo Soisunamierda Ymedaispena”.
Os pongo en escena. Cliente inglés recién llegado a la isla encuentra la única tienda de informática de los alrededores en la que hablan inglés (¡si es que soy un hacha!), y “amablemente” les pide que le actualicen la BIOS de su Acer Aspire ONE. El trasto en cuestión no tiene lector de floppy, ni unidad óptica. Y aunque el fabricante diga que se puede actualizar desde pendrive, a mi nunca me ha funcionado. Solución: Una disquetera USB. Cosa que no tengo, así que la mando a pedir para él solito, por su cara bonita. Casualidad de la vida, que en el pedido con el que me tenía que llegar la disquetera, el mayorista se “olvidó” de meterla en las cajas…
- ¡Qué pasa tío! – Se ve que tenemos confianza…
- Buenas tardes.
- ¿Te ha llegado eso, chaval?
- Pues no. Resulta que el mayorista…
- ¡Vaya panda de incompetentes! – Me corta
- ¿Disculpe?
- Que no sois capaces ni de traer una puta disquetera – cita literal – ¿y pretendéis que os deje mi pedazo de portátil – pedazo de mierda, si acaso. invento del demonio, los aspire one – para que le actualicéis la BIOS? ¡¡Ni de coña!! – Todo a volúmen de concierto de Metallica con técnico de sonido borracho.
Media vuelta, y sale de la tienda, portátil en sobaco, no sin antes tirarme las revistas del mostrador de un manotazo, dejándome ahí plantado con la boca abierta.
Y así se da, que el sentido de mi vida debe de ser aguantar burradas. Porque si no es eso, es que el mundo me odia. Y creo que prefiero la primera opción.
Saludos y hasta más ver.