¿Alguien lee los mensajes de error? ¿Nadie? Lo suponía.

¡Porrompompero! ¡Porrompompero!

- ¿Seh?

- ¿Chris? Que soy Brutez. Tengo un problema con el ordenador.

- Me lo imaginaba.

- ¿Y eso? ¿Eres adivino o qué?

- Gajes del oficio. ¿Qué te pasa?

- A mi nada. Pero el ordenador no se conecta a internet, y me sale un mensaje.

- ¿Qué pone en el mensaje?

- No sé.

- ¿………..?

- Es que le doy a Aceptar, y se quita. Pero sigue sin conectarse.

- Entiendo. Tienes un problema con el ordenador, te aparece en pantalla un mensaje quizá relacionado, y no se te pasa por la cabeza leerlo.

- Pues no. Es que pone cosas que no entiendo.

- ¿Y eso lo sabes sin leerlo? ¿Quién es el adivino aquí?

- ¡Si yo no entiendo de ordenadores! ¿Cómo voy a entender los mensajes estos?

- Vale, lo que tú digas. Mira, hacemos una cosa. Primero, colgamos, y después…. ¿hola?

Mientras marco su número, me voy dando palmadas en la frente de forma compulsiva. Es un gesto que me ayuda a pensar, y a defecarme en los ancestros de cierto engendro.

- ¡Brutez!

- ¿Qué pasa? ¿No dijiste que colgara?

- A ver si me dejas terminar de hablar, pedazo de alcornoque.

- Ah… vale… ¿qué más me ibas a decir?

- Que sigas con tus cosas. Y cuando te salga el mensajito, ¡LO LEES!

- Pero es que no lo voy a entender.

- Melasu. Apuntas lo que ponga, y me llamas para decírmelo.

- Ah, vale. Eso sí.

- Se te podría haber ocurrido a ti solito, ¿no crees?

- Es que estos ordenadores son tan complicados…

- Por supuesto. Los hemos hecho así adrede, para joder a la gente normal como tú.

- ¿Y por qué sois tan malos los informáticos con nosotros?

- Tenemos mucha sed de venganza, de cuando os metíais con nosotros en el cole.

- Ah, claro. Tiene sentido. Bueno, te llamo cuando me salga el mensajito.

- Cuidarse.

Creo que me ha pillado de buenas. No le he hecho ninguna BOFHería ni nada… Debe de ser cosa del café. A pesar de que me esperaba una llamada al cabo de, como mucho, media hora, el buen hombre tardó un poco más en llamarme.

¡Porrompompero! ¡Porrompompero!

- ¿Telepizza, gameloo?

- ¡Qué tonto eres, Chris! ¡Si sé que eres tú!

- ¿Y cómo estás tan seguro?

- Porque he marcado tu número.

- Evidencia irrefutable, sí señor. Bueno, ¿qué te cuentas, Brutez?

- Que me ha salido el mensajito.

- ¿Mensajito? ¿Qué mensajito?

- Aquél que me salía. Que el ordenador no se me conecta a internet, y me sale un mensajito.

Me quedo callado cosa de dos minutos, pensando profundamente, y al final, caigo.

- El mensajito. Aquél del que me hablaste HACE SEIS MESES.

- Sí, ese mismo.

- Y no te ha vuelto a salir hasta hoy.

- Hombre, sí. Me ha salido muchas veces. Pero nunca me acordaba de apuntar lo que pone.

- Menuda memoria tienes, chaval. En fin, ¿qué pone el mensajito?

- “Inserte tarjeta SIM”.

- Ah. ¿Y has mirado si está puesta?

- Tiene que estar puesta.

- “Tiene que estar puesta”.

- Sí, porque no me pueden vender el módem sin tarjeta SIM.

- Elemental, querido Watson.

- ¿Y entonces por qué me sale esto?

- No has mirado si la tarjeta de verdad está puesta, ¿no?

- Nop.

- Pues mira.

- ¿Donde debería estar?

- En el baño, claro.

Y lo oigo caminando y abriendo puertas. No soy capaz de aguantarme la risa.

- ¿De qué te ríes, tío?

- ¿Dónde cojones va a ir la tarjeta SIM, cabestro? ¡En el módem!

- ¿Y para qué coño me haces levantar?

- Para que hagas ejercicio. Anda, ve a mirar si está la maldita SIM en el módem.

- Yo no sé mirar eso. ¿Y si lo miras tú?

- Pues me traes el PC a casa, con el módem, te lo miro, y te cobro cincuenta lerus.

- Venga, va.

- ¿No irás a tardar otros seis meses?

- No, hombre. Voy ahora mismo.

Dicho y hecho. Al cabo de media hora lo tenía plantado en casa.

- Cuanto tiempo, Brutez. ¿Lo has traído todo?

- Sip, mira.

- Portátil, cargador, ratón, regleta, alfombrilla… ¿No te has traído el escritorio y la silla?

- No. ¿Voy a buscarlos?

- ………. no.

Agarro el módem, abro la tapita, y jatetú, la SIM no está.

- Mira. Aquí va la SIM. Como puedes ver, no está.

- Ah, ¿eso? Pensaba que era para que no entrara polvo y lo quité.

- ….. polvo.

- Sí, ya sabes, como esas bolsitas que vienen en los zapatos nuevos.

- Eso es para la humedad, no para el polvo.

- Bueno, que pensé que no valía y lo tiré.

- Que lo tiraste.

- Sip.

- ¿Y no te tiraste tú detrás, engendro?

- Oye, sin faltar al respeto, tío.

- Anda, ve a donde lo compraste y que te hagan un duplicado de SIM. Lo metes aquí, y no lo vuelvas a sacar. ¿Presto?

- Ah pues si llego a saber que es tan fácil no te llamo.

- Si yo llego a saber lo listo que eres, te doy el número de Orejapiedra en vez del mío.

- ¿Y ese quien es?

- Un amigo mío, muy buen informático.

Y sin darme las gracias, agarra sus cosas y se larga. Esto es un amigo, y lo demás son tonterías. Es una pena que no le diera el número de Orejapiedra, Informático sin Igual. La que iban a liar entre los dos.

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