Esto no es un post en toda regla. Quedará más bien canijo. Pero es increíble la cara dura de algunos.

Hoy llegaba yo a mi puesto de trabajo con efecto-lunes retrasado, un tanto adormilado, a las 9:45 de la mañana. Al pasar por la zona pública de la tienda, camino al taller de la parte trasera, veo sentada en una de las mesas a una señorita, quizá señora, con un portátil, chateando alegremente por el messenger. Cosas más macabras he tenido que vivir, así que pasé en moto, y me meto al taller sin más rodeos. Me encuentro al Boss, haciendo Nada, como siempre a estas horas.

– Buenos días, Chris.
– Nodías, Boss.
– ¿Quién es tu amiga?
– ¿Perdona?
– Sí, la mujer de ahí afuera, que dice que está esperando por ti.

Lo que me faltaba a estas horas. Una desconocida esperándome en mi trabajo. Así que con toda la sonrisa que soy capaz de mostrar un lunes (o un martes con efecto-lunes), me planto donde ella está chateando.

– ¡Buenos días!
– Hola. – Ni me mira
– Disculpa, me han dicho que me esperabas.
– No, a ti no, al otro chico.

En la empresa sólo estamos el Boss y yo. Aún así, podría ser que esperase a Orejapiedra, el hermano del Boss, que pasa por aquí a “ayudar” de vez en cuando.

– ¿Entonces esperas a Orejapiedra?
– No, tampoco.
– Pues no queda nadie más a quién esperar.
– ¿Ah no? ¿No es aquí donde trabaja Antonio?
– ……. No.
– Entonces me habré equivocado. Un segundo que termino de hablar con mi amiga y me voy enseguida.

Así que se ha equivocado de tienda, cuando ésta es la única tienda de informática de los alrededores, y lleva ahí plantada cosa de dos horas, por lo que me ha dicho el Boss. Claro, y yo soy un guerrero vikingo venido del futuro para avisar a la humanidad de los efectos perniciosos del youtube.

Aún así, no voy a “echar” de la tienda a un posible potencial cliente. Con que me armo de paciencia y le doy media hora larga antes de volver a plantarme al lado de la susodicha.

– Disculpe. ¿No la esperan en otra parte?
– Sí, sí, ya me voy. – No levanta la cabeza del monitor.
– No lo digo por nada, pero creo que llega casi tres horas tarde.
– Sí, sí, ya me voy. – Sigue sin mirarme.

Ahora es cuando enviáis in SMS al 770-tontos y votáis si le rompo la clavícula o no. Bueno, mientras hacéis eso, yo voy despachándola.

– No quisiera ser grosero, señorita, – vamos a quitarle unos años, a ver si no me arrea con el bolso – pero me temo que no damos servicio gratuito de cyber café. – Y sonrío todo lo que puedo sin que se me caiga un diente.
– Sí, sí, ya me voy.

Ole sus cojones. Ole, ole y OLE.

– Eso me lleva diciendo una hora y media. ¿No le parece que está siendo un poco descarada? – Seguro que el Boss me cruje por “tratar mal” a un “cliente”, pero a éstas alturas me la suda.
– ¿¿Me estás echando??
– Pues yo me atrevería a decir, que sí.

Agacha la cabeza y por lo bajito oigo algo que remotamente me recuerda a unos gemidos. ¿Está llorando? ¡No jodas! A mi no me la cuelas.

– Mire le doy la tarjeta de un cyber que hay al otro lado del pueblo, para que vaya y pueda chatear en paz, ¿vale?
– ….

Le dejo la tarjeta del cyber de un amigo (más bien mal amigo, por eso le mando el elemento de mujer éste) encima de la mesa, y le hago un gesto de “mueve el culo, anda”. Acto seguido, media vuelta y al taller, que tengo cosas que hacer. Hace media hora que tenía que tener 3 equipos listos con messenger instalado. Que si no, los equipos no valen para nada.

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