Ahora que la informática ya no me da para comer, he movido mis amplios recursos al sector hostelero; lo cual significa que trabajo de noche en lugar de por la mañana, y cobro casi el triple. Viva la informática en España. Pero las burradas se han venido conmigo, por supuesto. Es como la dichosa nube de Pig-pen.

Tras levantarme de mi querida cama del Ikea, hoy a las tempranas horas de la 1 de la tarde, me dispuse a tomar una taza de té, acompañada de unas magdalenas que el solete de mi mujer tuvo la bondad de adquirir para mi degustación. Y mientras hacía esto, me ponía al día con la red de redes, cosa esencial que no puede faltar cada “mañana”.

En esto que suena el teléfono. Una señora con la que solía trabajar. No me ha llamado en la vida. De hecho, no sabía que tuviera mi número. Esto no pinta nada bien…

– ¿Hola? ¿Chris?

– ¿Qué?

– Ah, ¿estabas durmiendo?

– No. Me estaba preguntando de dónde sacarías mi número.

– Me lo dio el Señor Pepinillos.

– Entiendo. ¿Y en qué puedo serte de utilidad, Anki?

– Pues mira. Me han dicho que tú eres informático.

– Ahora mismo, soy cocinero.

– Pero solías serlo, ¿verdad?

– Eso dicen las malas lenguas.

– ¡Pues ayúdame!

– Prueba a decirme primero qué te ha pasado, y me lo pienso.

– Se me ha apagado el teléfono.

– …………. ¿qué?

– ¡Que no puedo encender el teléfono!

– ¿Y?

– Que me lo enciendas.

– Que te lo encienda.

– Sí.

– Vale. Son 50€.

– Venga, ahora voy a tu casa.

– ¿También sabes dónde vivo? Qué sorpresa.

– Me lo dijo…

– El Señor Pepinillos, claro.

– Eso, que ahora voy.

– Posfale.

Pues a los 3 minutos estaba la señora aquí, iPhone4 en mano, con cara de mucha pena, y su hija debajo del brazo. Y yo, con cara de “esto tiene que ser una broma”, y en pijama, le agarro el trasto, aguanto dos segundos el botón superior, y ¡presto! el móvil se enciende.

– ¿Cómo has hecho eso?

Yo con un mierdófono de hace 12 años, y el medio cerebro este con un iPhone4. Dios nos coja confesados.

– Son cincuenta lerus, guapa.

– Ah, claro… Verás, es que no llevo sino 20€ encima…

– Pues te lo dije antes de que vinieras.

– Es que estamos a final de mes, y en crisis, y ya sabes como está la cosa.

– Ya veo, ya veo. Bueno, dame esos 20€ y en paz entonces.

– Ah, muchas gracias. ¡Eres un amigo de verdad!

– Nah, soy de mentira. Mira como desaparezco.

Y le cierro la puerta en las narices. Me grita “adiós”, y la oigo subirse al coche. Total, que me he ganado veinte pavos por encender un móvil. El engendro este trabajando, y la cola del paro que da la vuelta a la esquina. Así nos va.

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